domingo, 18 de agosto de 2019

CANDIDIASIS VAGINAL Y ALIMENTACIÓN


Voy a escribir sobre la Candidiasis vaginal porque en una charla TED  la oradora (no es médico ni personal sanitario) volvió a afirmar que el consumo de azúcar y determinados alimentos favorecían el crecimiento de Candida que es el microorganismo que produce Candidiasis, y por tanto, que eliminarlos cura la enfermedad. Esto no es cierto, y aunque sea positivo evitar alimentos de baja calidad nutritiva como el azúcar, creo que es bueno que las mujeres que sufren esta infección tengan los conceptos claros.

¿QUÉ ES LA CANDIDIASIS  VULVOVAGINAL (CVV)?

La candidiasis vulvovaginal (CVV) es una infección producida por el hongo Candida albicans u otras
especies de candida como C. glabrata, C. krusei y C. tropicalis. La C. albicans provoca entre el 67 y el 95% de los casos, las otras, aunque son menos frecuentes, se caracterizan por ser resistentes al tratamiento. 

¿CUALES SON LOS SÍNTOMAS?

Los síntomas son: prurito vulvar, dispareunia (coito doloroso), leucorrea (secreción genital blanquecina), quemazón, inflamación, disuria (dificultad para orinar acompañada de dolor) y polaquiuria (aumento diario de las micciones), eritema, edema y fisuras en la vulva. Se intensifican la semana previa a la menstruación, mejoran con ella y empeoran después de la relación sexual.

Estos síntomas no son exclusivos de la candidiasis vulvovaginal (CVV), por ese motivo el diagnostico lo tiene que realizar un ginecólogo.
Debería realizarse siempre un cultivo de hongos para determinar la especie de Candida responsable de la patología. Como existen algunas especies de Candida que no pueden erradicarse con el tratamiento habitual, es necesario saber de cuál se trata para administrar el más adecuado.

CAUSAS

La población de Candida albicans que se encuentra de manera natural en la zona vaginal no produce síntomas a excepción de determinados casos. Aunque se considera que sería suficiente con mantener la cifra por debajo de 104 microorganismos/ml., el estudio de la biología de Candida ha permitido conocer la complejidad del proceso que desemboca en la candidiasis, el cual no tiene porqué tener relación directa con la densidad de la población de estos hongos, es decir, NI LA EXISTENCIA DE ESTE HONGO NI LA CANTIDAD TIENEN RELACIÓN DIRECTA CON LOS SÍNTOMAS.
Los síntomas son causados por la liberación de toxinas o enzimas extracelulares y por la reacción inflamatoria del propio sistema inmune de la zona. La sensibilidad a estas sustancias aumenta cuando la paciente ha sufrido candidiasis de forma recurrente.

La CVV afecta al 75% de las mujeres en edad reproductiva, al menos una vez en su vida. Se considera que es recurrente (CVVR) cuando la paciente presenta esta afección en al menos cuatro ocasiones a lo largo de doce meses. La prevalencia de CVVR es del 9%.

Los factores que predisponen al desarrollo de CVV son: inmunosupresión, sexo oral, píldora
contraceptiva, promiscuidad, uso de antibióticos, embarazo y diabetes.

Cuando la CVV es crónica existen otras causas que pueden provocar las recidivas, como son, utilizar ropa interior sintética y apretada, bañarse en piscinas excesivamente cloradas, limpiarse, tras la defecación, hacia adelante, no cambiarse las bragas diariamente, usar la misma compresa cuando se tiene la menstruación, durante demasiadas horas y el uso de algunos jabones.

Para prevenir la CVV mediante hábitos rutinarios es aconsejable seguir una dieta equilibrada, usar ropa interior de algodón, limpiarse, al defecar, siempre de delante hacia atrás, emplear tampones, en lugar de compresas, y en caso de usar éstas, se deben cambiar frecuentemente, mantener una higiene basada en el cambio diario de la ropa interior y lavarse con jabones neutros.

La CVV puede darse en ausencia de los factores predisponentes expuestos. Esto es así porque existe un componente genético. El tracto reproductor femenino tiene su propio sistema de inmunoregulación. Las células epiteliales de la mucosa vaginal son capaces de detectar la presencia de microorganismos patógenos y oportunistas y enviar señales de activación para la secreción de mediadores inmunes como péptidos antimicrobianos. También puede detectar si los hongos se encuentran en una fase llamada pseudohifa, que es peligrosa, y desarrollar una respuesta inflamatoria local. Si esta inflamación es agresiva se producen síntomas y si no lo es, la mujer se mantiene asintomática. Todo este proceso implica la expresión de diferentes sustancias proteicas, y por tanto, la posibilidad de que mutaciones o polimorfismos en los genes correspondientes, afecten al desarrollo de esta patología.

TRATAMIENTO

Durante los últimos años se han desarrollado diferentes líneas de investigación que han permitido avanzar en el conocimiento de la candidiasis y que han cambiado el enfoque en el tratamiento de esta dolencia.

Los tratamientos reconocidos como efectivos en la actualidad se basan en el uso de antimicóticos (fármacos que impiden el crecimiento de hongos), ninguno de los tratamientos tiene en consideración estrategias dietéticas. Sin embargo, los hábitos dietéticos saludables pueden ayudar a la prevención de la CVV  como ocurre con la mayoría de
enfermedades.

A pesar de que no existe un tratamiento dietético reconocido como efectivo, desde ámbitos poco científicos, se defiende la teoría de que dado que las mujeres diabéticas son más proclives a desarrollar candidiasis por las hiperglucemias propias de su enfermedad, la glucosa debe ser eliminada de la dieta para evitar el crecimiento de las bacterias. Según esta hipótesis, evitando que los hongos puedan alimentarse de azúcar, se erradicaría la infección. Sin embargo, la causa de que las mujeres diabéticas sufran más CVV no está directamente relacionado con la hiperglucemia, sino que es el efecto de ésta sobre el sistema inmunitario provocando una inmunosupresión en la que la función de los neutrófilos y las células inmunitarias está alterada y existen anormalidades en la adherencia de los granulocitos, la quimiotaxis, la fagocitosis y la función microbicida. La reducción drástica de los hidratos de carbono de la dieta, tanto en el caso de mujeres diabéticas como no diabéticas, puede empeorar su sistema inmunitario, por tanto, se recomendará una dieta equilibrada en cuanto a aporte de hidratos de carbono, evitando favorecer los picos de glucemia. Se deben tomar alimentos ricos en hidratos de carbono complejos como los cereales integrales o azúcares simples naturalmente contenidos en alimentos como la fruta.

En cuanto al empleo de suplementos dietéticos como coadyuvantes del tratamiento antifúngico, se ha estudiado el papel de los lactobacilos y otras bacterias de la flora normal. El estudio PROBIT concluyó que los probióticos y prebióticos son recomendados por los ginecólogos, que éstos ayudan a aumentar la eficacia del tratamiento y sobre todo a evitar las recidivas. Se han estudiado algunos tipos de lactobacilos porque producen ácido láctico y agua oxigenada que eliminan los microorganismos que pueden llegar a la vagina desde el intestino y también controlan la densidad de los patógenos potenciales. En mujeres diabéticas y embarazadas, en las que también se produce cierta inmunosupresión para evitar el rechazo del embrión, o en otras situaciones en las que existe una afectación del sistema inmune, estos aportes de bacterias por vía oral pueden ser de interés.

CONCLUSIONES

1. Las dietas desequilibradas puedan debilitar el sistema inmunitario de las mujeres, por eso es importante seguir una alimentación saludable.

2. No existen dietas que curen la CVV aunque la mejora del estado nutricional, en algunos casos, sea una ayuda muy importante.

3. En cuanto a la toma de prebióticos y probióticos, aunque son necesarios más estudios, su uso, en principio, es seguro y puede emplearse como coadyuvante al tratamiento farmacológico. Nunca será suficiente como terapia única una vez se haya desarrollado la candidiasis.

3. La eliminación del azúcar de la dieta no puede emplearse como remedio, se debe acudir al médico para que elija el tratamiento más adecuado en cada caso.

domingo, 26 de agosto de 2018

ICTUS E INFARTOS. PARTE FINAL.


La semana pasada impartí una conferencia sobre la relación entre la dieta y el colesterol, la tensión arterial y la diabetes.

Una de las asistentes intervino para compartir que su marido había fallecido hacía 5 meses de un infarto de miocardio. No hizo referencia alguna a si su alimentación respetaba las recomendaciones dietéticas que había explicado en mi exposición o si presentaba sobrepeso, solo destacó que los análisis estaban bien, es decir, no tenía colesterol ni era diabético.

Efectivamente, no todas las personas con valores normales en sangre de colesterol o glucosa, o sin hipertensión, están a salvo, ni las que presentan estos factores de riesgo van a sufrir un infarto o un ictus de manera irremediable. Comento esto porque ya expliqué en la entrada anterior que hay factores de riesgo que no se muestran en los análisis rutinarios, como el estrés oxidativo. Ni siquiera podemos estar seguros de que una dieta saludable, hacer ejercicio y evitar el tabaco sean un seguro de vida.

Hace unos días, el marido de una paciente, que ha sufrido dos infartos, estaba seguro de que la culpa de lo que le había pasado había sido del estrés.

En cualquier caso, ante cualquier factor negativo, incluso aunque exista una predisposición genética, no puede cuestionarse que lo que comemos marca la diferencia entre sufrir un evento cardiovascular o no, o entre sobrevivir o no.

Voy a exponer, a modo de resumen, los consejos dietéticos que pueden reducir de manera muy importante el riesgo de sufrir un problema cardiovascular y sus secuelas.

Vaya por delante que hay que eliminar el tabaco y el estrés.

Basándome en el modelo de dieta más extendido entre la población española, enumeraré los cambios que hay que hacer en la alimentación diaria. Por cierto, de momento plantéate llevar a cabo uno o dos de estos cambios, y luego continúas aplicando estas recomendaciones. Ir poco a poco, te facilitará la labor, porque cambiar los hábitos dietéticos  no es fácil.

Perdón, una cosa más. Fíjate en las dos imágenes de abajo. La de la izquierda es una arteria parcialmente obstruida, que en poco tiempo podría evolucionar y bloquear por completo el riego sanguíneo. La de la derecha es la misma, tras la realización de una dieta saludable. Las fotografías fueron tomadas en 1972 por ML Armstrong. Como puede observarse, una dieta adecuada obra milagros.

Con la información que tenemos a día de hoy, lo que aconsejo para reducir el riesgo de sufrir un infarto o un ictus es lo siguiente:

1.       Sustituye:
·         La leche semidesnatada o entera, por leche desnatada.
·         La nata, mantequilla, margarina y otras salsas, por aceite de oliva virgen.
·         Algún plato de carne por pescado hasta igualar la cantidad de pescado consumido respecto a la de carne.
·         Algún plato de carne por frutos secos (un puñado de unos 30 g).

2.       Elimina:
·         Bollería y alimentos azucarados de tu rutina diaria.

3.       Aumenta:
·         El consumo de legumbres hasta 3-4 veces por semana.
·       El consumo de frutas y verduras hasta, por lo menos, 5 raciones al día. Una ración será en crudo (ensalada).
·         Los alimentos integrales (ricos en fibras).

4.       Reduce:
·    El consumo de carnes grasas y derivados cárnicos como las hamburguesas, embutidos o fiambres.
·        La cantidad de sal que añades o los alimentos que llevan sal.

5.       Utiliza siempre aceite de oliva virgen.

Podría añadir o puntualizar bastantes recomendaciones más, pero con esto y aplicando técnicas culinarias tradicionales como el sofrito y el empleo del plato único, la mejoría de la salud cardiovascular puede mejorar considerablemente.
Y para finalizar, hay una serie de hábitos de vida que se suman a los beneficios de una dieta cardioprotectora como hacer la siesta, tomarse la vida con filosofía, hacer actividad física o reunirse con amigos.

sábado, 9 de diciembre de 2017

¿PODEMOS EVITAR LOS ICTUS Y LOS INFARTOS?. Parte II. Las causas.


¿PODEMOS EVITAR LOS ICTUS Y LOS INFARTOS?. Parte II, Las causas.

En la primera parte acabé enumerando los factores de riesgo  que clásicamente se han considerado responsables de los infartos y los ictus:
-         la hipertensión arterial
-         el colesterol elevado
-         el tabaco
-         la obesidad
-         el sedentarismo
-         la edad avanzada

Adelanté que publicaría información sobre las verdaderas causantes, es decir, alteraciones bioquímicas que pueden controlarse con la dieta.

¿ Acaso los factores de riesgo de la lista no son los responsables de los ictus y los infartos?. Directamente, no, es decir, es como afirmar que conducir mata. La mayoría de los conductores no van a sufrir un accidente mortal en su vida, ahora bien, si uno se pone al volante bebido y conduce por una carretera con hielo, tiene las horas contadas.

En el caso que nos ocupa, a qué equivalen las placas de hielo y el alcohol?. Empecemos hablando del ESTRÉS OXIDATIVO.

El estrés oxidativo es el factor clave en el desarrollo y progresión de las enfermedades cardiovasculares así como en el de otras muchas.

Se produce cuando en nuestro cuerpo existe una cantidad excesiva de radicales libres, que son especies químicas que dañan las células, todas las células de nuestro cuerpo, por tanto tienen la capacidad de provocar enfermedades tan distintas como las cardiovasculares, las neurodegenerativas o el cáncer.

Es inevitable que nuestro metabolismo produzca radicales libres, es inherente a la propia vida. Si dejamos una pieza de hierro cerca del mar seguro que se oxida…. o no, todo depende de si lo hemos protegido adecuadamente de la humedad. Algo parecido sucede con nuestras células, que están sometidas a un riesgo de destrucción por el propio paso de los años, pero que gracias a la alimentación podemos modular.

¿Cómo nos podemos proteger del estrés oxidativo?. Existen tres formas:

1.     Tomando antioxidantes para anular los radicales libres.
2.     Realizando actividad física moderada.
3.    Evitando hábitos que aumenten la producción de dichos radicales libres como el ejercicio de alta intensidad o fumar.


La actividad física moderada aumenta la producción de antioxidantes endógenos, por eso, evitar el sedentarismo se asocia a una mejor salud.

Respecto a las sustancias con capacidad para “destruir” los radicales libres, es decir, con poder antioxidante, de momento, las que mejor se han descrito son las siguientes:

-         Betacarotenos.
-         Flavonoides.
-         Selenio.
-         Vitamina A.
-         Vitamina E.
-         Vitamina C.

¿Podemos tomarlas en suplementos dietéticos?. No debemos hacerlo porque existe la certeza de que tomadas en grandes cantidades (suplementos) pueden ser perjudiciales e incluso aumentar el riesgo de sufrir algunos cánceres. Si estas sustancias las obtenemos de nuestra dieta son totalmente beneficiosas.

Los betacarotenos y los flavonoides son las sustancias que dan el color a las verduras y las frutas, es el caso de la zanahorias, pimientos rojos, tomate, espinacas o la yema del huevo.

El selenio se encuentra repartido en la naturaleza en alimentos muy diferentes. Forma parte de las sustancias que el propio cuerpo fabrica para luchar contra los radicales libres, de ahí su importancia. Es abundante en las nueces de Brasil, el marisco o la carne.

La vitamina A puede producirla el organismo a partir de los betacarotenos, y como tal vitamina A está presente en el hígado de pescado y carne, porque es donde se almacena; en la leche entera o enriquecida con vitamina A y sus derivados, como el queso; en el pescado azul, y en los huevos.
La vitamina E la ingerimos a través de los aceites vegetales y de los frutos secos.

La vitamina C, como todo el mundo sabe, es fácil de obtener comiendo cítricos, kiwi, fresas u otros vegetales.

Para finalizar esta parte recalcaré que para que se forme la placa de ateroma que describí en la entrada anterior, debe producirse la oxidación de las lipoproteínas LDL (colesterol malo), entre otras sustancias. No es tan peligroso, pues, tener alto el colesterol LDL como tener cifras más bajas pero presentar estrés oxidativo. 

lunes, 14 de agosto de 2017

¿PODEMOS EVITAR LOS ICTUS Y LOS INFARTOS?. Parte I.

  
 Hace unas semanas impartí una charla sobre alimentación y riesgo cardiovascular y dado que algunas personas interesadas en el tema no pudieron oírla, intentaré hacer un resumen que aparecerá en el blog en varias entregas. Seguramente añadiré algún dato o comentario nuevo.

PARTE I: Las cifras.

 En España, cerca de 100.000 personas sufren un infarto de miocardio cada año, 33.000 fallecen antes de llegar al Centro de Salud, y 130.000 son víctimas de un ictus. Esto supone cerca de 70.000 fallecimientos. Anoche mismo falleció Terele Pávez, actriz, a los 78 años, de un ictus que le ha robado unos 7 años de vida.

 En el 40% de los casos de ictus, las secuelas producen una incapacidad grave. Pensemos lo que supone esto para la vida de la pareja y cómo cambia el día a día de toda la familia. Todos conocemos casos, por desgracia, de personas cada vez más jóvenes, cuyas consecuencias repercuten de manera definitiva para el resto de sus vidas.

 Antonio Banderas habla en El PAIS de lo que le ocurrió en enero: “Sufrí un ataque al corazón el 26 de enero, pero tuve mucha suerte, fue benigno y no ha dejado daños". "Me sometí a una intervención en la que se me implantaron tres stents en las arterias coronarias”.
Imagino que dice que su infarto fue benigno porque no lo mató. También reconoció que se está replanteando muchas cosas, o sea, cambiar sus hábitos de vida tal y como le han aconsejado sus médicos de Ginebra. Por cierto, no me parece correcto que los medios de comunicación hablen de "pequeño susto" al hecho de sufrir un infarto, a lo mejor es pequeño porque uno no es consciente de lo que le ha ocurrido 

 Reducir el número de fallecidos o la gravedad de estos eventos es muy sencillo, la dificultad está en que la población aprenda a hacerlo, mejor dicho, que le lleguen correctamente las recomendaciones dietéticas y de estilo de vida, para poder lograrlo.

 Antes de explicar cómo podemos, con cambios en nuestra dieta diaria, reducir el riesgo de sufrir ictus e infartos,  voy a dar algún dato más sobre la evolución de estas enfermedades.

 El más importante es que es un  proceso muy lento que no suele dar señales de alerta, porque no produce dolor ni ningún otro síntoma hasta que se produce el desenlace final. A partir de los 40 años empiezan a darse casos, los cuales se van incrementando a medida que aumenta la edad.

 Difícilmente pueden producirse antes de los 40 años, ya que es un proceso, como digo, lento y muy complejo. Participan muchos factores y al final se obstruye parcial o totalmente el flujo sanguíneo por la llamada placa de ateroma.

 En la imagen está coloreada en amarillo dicha placa. Además, la placa de ateroma puede romperse con facilidad, provocando desprendimientos que obstruyen o rompen  los vasos en zonas alejadas.

 Evidentemente,  las consecuencias de este proceso no se reduce a los infartos y los ictus nombrados en el título, van a producir alteraciones de la salud muy variadas. Por poner un ejemplo, la causa más común de la disfunción eréctil en hombres mayores de 40 años es ésta.
Los factores que clásicamente se han considerado responsables de los infartos y los ictus son la hipertensión arterial, el colesterol alto, el tabaco, la obesidad, el sedentarismo y la edad avanzada entre otros, sin embargo, en los próximos textos que publicaré, especificaré las verdaderas alteraciones bioquímicas que deben evitarse (o pueden mejorarse) mediante la dieta. También introduciré el papel que juega la genética en todo esto. En España, de 1,5 a 2 millones de hombres, entre 25 y 70 años, sufre disfunción eréctil, y la causa es, entre el 60 y el 80 %, vascular.

 Los factores que clásicamente se han considerado responsables de los infartos y los ictus son la hipertensión arterial, el colesterol alto, el tabaco, la obesidad, el sedentarismo y la edad avanzada entre otros, sin embargo, en los próximos textos que publicaré, especificaré las verdaderas alteraciones bioquímicas que deben evitarse (o pueden mejorarse) mediante la dieta. También introduciré el papel que juega la genética en todo esto.

sábado, 15 de abril de 2017

PESCADO Y DEPRESIÓN

De todas las entradas que he publicado en este blog, la que trata sobre el contenido de mercurio en el pescado ha sido la más leída. Me preocupa que algunos lectores piensen que, ante el riesgo, es preferible comer otros alimentos, por eso quiero alertar de los riesgos asociados al bajo consumo de pescado en relación con la depresión, aunque podría haber elegido entre un buen número de enfermedades.

Antes de nada hay que explicar qué sustancias contiene el pescado, en concreto el azul y qué hace que sea un alimento único. Llamamos pescados azules a los que tienen una cantidad de grasa superior al 1% de su peso. Dentro de este grupo se encuentran el atún, el salmón, la caballa, el boquerón o la sardina. La grasa que destaca por sus propiedades biológicas es la llamada omega-3 de cadena larga, para ser más exactos debemos hablar de los ácidos grasos EPA y DHA.  

Puede verse en las etiquetas de algunos alimentos porque se los han añadido, como en algunas margarinas o preparados lácteos, pero no están presentes de manera natural más que en las especies marinas.  Podemos encontrar otros omega-3 en alimentos como los frutos secos, pero no son ni EPA ni DHA. Si bien es cierto que nuestro organismo puede convertirlos en éstos, nuestra dieta actual dificulta este proceso.

¿Por qué son tan importantes los EPA y DHA para la salud?, porqué forman parte de las membranas celulares de cada una de nuestras células influyendo en todos los procesos vitales. Dependiendo del tipo y la proporción de los diferentes ácidos grasos que componen dicha membrana, sus funciones pueden verse afectadas. Así, cuando los ácidos grasos EPA y DHA se encuentran por debajo de la cantidad “saludable”, las patologías que pueden aparecer son importantes, tanto por el número como por la gravedad. 

Por otro lado, hay que recordar que la depresión es una enfermedad caracterizada por el desequilibrio entre neurotransmisores, por eso los tratamientos actúan sobre los niveles de sustancias como la serotonina, noradrenalina o dopamina. Pero, ¿qué produce dicho desequlibrio?. Cada vez hay más pruebas científicas de que la causa de la enfermedad tiene relación con la producción de sustancias inflamatorias, de hecho, las personas deprimidas tienen elevados los niveles de algunas de ellas como las citoquinas.

Y ahora cabe preguntarse, y ¿por qué se producen sustancias inflamatorias?. Se cree que el estrés provocado por acontecimientos vitales produce una alteración del sistema inmunitario e inflamatorio, con la ya comentada producción de citoquinas, que tras una sucesión de acontecimientos bioquímicos desembocan en la alteración de los niveles de neurotransmisores.

No todo el mundo acaba con depresión ante una vivencia dolorosa o traumática ya que depende de varios factores, pero resulta que estudios recientes han encontrado que existe una relación inversa entre sufrir depresión y el consumo de pescado rico en grasas omega-3, es decir, a mayor consumo, menor incidencia de trastornos neuropsiquiátricos. Tanto es así que se están empezando a utilizar como tratamiento para la depresión, la esquizofrenia y el trastorno bipolar.

Como conclusión podemos decir que el consumo de pescado azul, por su alto contenido en EPA y DHA, puede frenar el proceso bioquímico que conduce a la depresión o a otras enfermedades del sistema nervioso relacionadas con estados de inflamación. Del mismo modo, actúan moderando las consecuencias de estados inflamatorios de diversa índole, por eso enfatizo que el bajo consumo de pescado puede  afectar seriamente la salud.


Por cierto, hablando del sistema nervioso, pocas embarazadas saben que la captación de DHA por parte del cerebro y cerebelo de su futuro hijo se hace mucho más activa durante el último trimestre del embarazo, por tanto, con las precauciones necesarias, la dieta de las mujeres debe ser rica en pescado azul en los últimos meses de gestación. 

domingo, 15 de enero de 2017

CÓMO EVITAR EL AUMENTO DE PESO DURANTE LA MENOPAUSIA



Hace unas semanas organizamos la Semana de la Salud de la Mujer con el objetivo de informar a mujeres,  en edades cercanas a la menopausia, sobre problemas asociados a este momento de su vida.

Intervine dando una conferencia sobre alimentación,  que inicié preguntando a las asistentes si creían que comían bien. La idea era determinar qué aspectos  de su dieta les interesaban más. Saqué la conclusión de que el miedo a engordar era lo que más les preocupaba.

Por ello voy a comentar algunas cuestiones al respecto, sobre todo, dónde está la clave para evitar el aumento de peso.

La media está en un aumento del 6% del peso inicial, es decir, si pesas 60 kg, engordarás casi 4 kg. Es la media, es decir, hay mujeres que no sufren ninguna variación ponderal y hay otras que aumentan mucho más.

¿Cuál es la causa?.

El factor que más se ha estudiado es el cambio hormonal, es decir, la disminución de los estrógenos que se produce al cesar la edad fértil. Esto altera la secreción de algunas hormonas y otras sustancias que a su vez provoca:
  •         Aumento del apetito.
  •         Reducción de la sensación de saciedad.
  •         Predilección por alimentos grasos.
  •         Bajo consumo de alimentos ricos en hidratos de carbono.


Existen otras causas, de entre las cuales  quiero destacar  la llamada DESHINBICIÓN DIETÉTICA. Si quieres mantener el peso a raya, este concepto es muy importante. Lo podemos definir como aquella conducta en la que, ante el aumento del apetito, la baja saciedad y la apetencia por alimentos grasos, la mujer se deja llevar y no pone interés en controlar estas sensaciones y sus efectos.

La deshinhibición dietética es,  en muchos casos, lo que marca la diferencia entre coger unos kilos de más o no, con lo que ello supone, a saber:

  • Acumulación de grasa abdominal.
  • Aumento del riesgo cardiovascular por aparición o empeoramiento de los factores de riesgo cardiovascular como la diabetes, dislipemias o hipertensión, entre otros.
  •  Incremento del riesgo de sufrir otras muchas patologías.


¿Qué debes hacer si decides controlar tu peso?

  •          Anota durante una semana qué comes y cuándo.
  •          Ordena tus notas cambiando aquello que puedes mejorar.
  •          Pasa tus notas a limpio, es decir, a un plan dietético semanal.
  •          Este menú semanal debe ser compatible con tu familia, trabajo y vida social.
  •          Revísalo periódicamente conforme vayas comprobando tu peso. Es posible que al principio adelgalces un poco. No te confíes.


Si tienes problemas para hacerlo o para cumplirlo, acude a un profesional con experiencia y de tu confianza, que te ayude a hacer los ajustes necesarios. Verás lo cómodo que resulta.

Necesitarás ayuda si:
  •          Vives sola.
  •          Tu primer embarazo ocurrió a una edad muy temprana.
  •          Si no amamantaste a tus hijos o lo hiciste durante un corto período de tiempo.
  •          La ganancia de peso durante el embarazo fue excesiva.


En estos casos el aumento de peso suele ser mayor, por tanto, es bueno tenerlo en cuenta y buscar asesoramiento.


martes, 23 de agosto de 2016

EDUCACIÓN NUTRICIONAL IGUAL A SALUD


Tras un año de mucho trabajo, retomo la idea de plasmar en el blog lo que anuncié en la presentación,  es decir, alguna novedad, reflexiones y respuestas a dudas, preguntas o preocupaciones que se me formulan en la consulta o en las conferencias.

En estos meses los temas sobre los que quería escribir se han ido amontonando de tal modo que ahora me es imposible elegir alguno para desarrollar una nueva entrada, son decenas, así que recurriré a lo más reciente.

Estoy releyendo un libro de José Mª Ordovás, bioquímico dedicado a estudiar la interacción entre lo que comemos y nuestros genes.

Ordovás está convencido de que muchas enfermedades podrían prevenirse con educación nutricional. Es una opinión que comparto, básicamente por un motivo, porque está demostrado científicamente que incluso el nivel de estudios que posee una persona afecta a la calidad de sus hábitos dietéticos.

Si esto es así y cada vez hay más personas interesadas por mejorar su alimentación e incluso más universitarios en nuestro país, sería lógico pensar que podemos ver una reducción en la incidencia de algunas patologías conforme se amplíe el número de personas preocupadas por comer bien. Pero me temo que no va a ser así, en algunos casos va a ocurrir precisamente lo contrario.

¿Qué hace una persona o una pareja cuando decide mejorar sus hábitos dietéticos? ¿Dónde buscan información?.  Habiendo como hay muchas fuentes y recursos, al final de dicha búsqueda pueden pasar dos cosas: que reduzcan su riesgo de enfermar o que lo aumenten, porque no todo lo que puede leerse o nos cuentan fomenta la salud, a veces es incluso peligroso adoptar ciertas sugerencias.

¿Es fácil saber cómo acertar? Si y no. Depende.

En la última conferencia que impartí hace unos días, una persona del público, al finalizar, confesó públicamente que no lo hacía bien, es decir, que las explicaciones que acababa de oír sobre lo que se entiende por dieta saludable confirmaban lo que ella ya sabía, que comía mal porque no le gustaba ni el pescado ni la verdura.

¿Crees que era una persona joven, tal vez con sobrepeso?. Todo lo contrario, era una mujer de 70 años, en su peso y con una vitalidad envidiable.

El resto del público esperaba una respuesta de mi parte del estilo: “ no seguir una dieta variada aumenta el riesgo de contraer determinadas enfermedades” “ debería hacer el esfuerzo de comer mejor”.

Siendo esto lo más correcto que le podía decir, la respuesta fue otra pregunta: “¿se imaginan que nos entierre a todos?, si esto ocurre…..¿qué hacemos con todos los consejos que les acabo de dar? ¿significa que las recomendaciones de las autoridades sanitarias no son útiles?, ¿dejaría de ser cierto que esto es bueno para la salud?.
No.

1.       La mayor parte de la población mejoraría su salud si siguiera las diez claves que expuse en la charla.
2.       Eso no quiere decir que no exista un porcentaje de personas que pudieran beneficiarse de algunos cambios sobre esos conceptos básicos.
3.    Cambiar radicalmente el patrón dietético que hemos aprendido de nuestros antepasados puede suponer un riesgo para nuestra salud.

Los estudios científicos avalan lo anterior, de hecho, si gracias a la educación nutricional que debiera impartirse en los colegios, la población aplicara unas simples reglas a su rutina dietética, la morbimortalidad se reduciría drásticamente.

Para hacer más visibles estos estudios voy a añadir una pestaña (NOTICIAS) donde iré mostrando de modo resumido lo que los científicos van demostrando o descubriendo respecto a la nutrición o algunas enfermedades relacionadas con ella.

Por cierto, si te preguntas por las diez claves dietéticas a las que me he referido y que fueron el argumento principal de la última conferencia que he impartido, te cuento: tras haberlas escrito en esta entrada las he borrado porque sé que simplificar demasiado respecto a qué comer o dejar de comer puede llevar a malos entendidos y que lo mejor es siempre, personalizar,  en el sentido más amplio del término.

¿Me contradigo si digo que es necesaria una mayor educación nutricional y a la vez no quiero enumerar unos cuantos consejos dietéticos? No, lo que ocurre es que no es lo mismo educar que escribir sobre nutrición en un blog.

Y hablando de educación nutricional, éste es el título (o multitítulo) del libro de Ordovás: “La nueva ciencia del bienestar. Nutrigenómica. Cómo la ciencia nos enseña a llevar una vida sana”.