domingo, 7 de junio de 2015

LA MÚSICA ALIMENTA.


No sé si la musica alimenta el alma, el cuerpo o ambos.

Lo cierto es que veo muchos puntos en común entre la música y los alimentos respecto a la salud. De hecho Joan Quiles, en una de las entradas de su blog, ¡A TU SALUD!, explica que hay  bastantes estudios que han  asociado determinadas piezas musicales con la mejoría de algunas dolencias. Sería algo parecido a lo que ocurre con algunos nutrientes, que subsanan patologías o tienen el poder de prevenirlas.

Siguiendo con el paralelismo, me pregunto si el insuficiente consumo de música puede influir en nuestra salud.

Personalmente he comprobado, que del mismo modo que a veces necesito comer chocolate o pan con sal y aceite, también necesito oir un tipo de melodía u otra, o estar en silencio, como cuando estoy nerviosa o preocupada y no puedo comer nada.
Durante el fin de semana o los festivos me apetecen piezas musicales animadas y oírlas a todo volumen.

Y hay autores que no me cansan nunca como lo que nos pasa a todos respecto a nuestros platos preferidos.

Una dieta en la que se encuentren presentes una gran variedad de alimentos es indispensable para gozar de una buena salud, y con la música podemos decir que también, aunque esta afirmación no la base en una sólida evidencia científica. Pero todo llegará.

Hay música dulce, amarga, picantona, que nos levanta el ánimo o nos ayuda a llorar cuando lo necesitamos.

Existen personas desnutridas musicalemente hablando?.

En mi trabajo asesoro para mejorar el estado nutricional de las personas. Aunque mis conocimientos musicales son menos extensos que los que he conseguido obtener en nutrición y dietética, creo que puedo enriquecer el plato de emociones musicales de algunos de mis lectores.

Entiendo que del mismo modo que me gustan muchísimo las ostras o las manitas de cerdo, convencer  a algunas personas de que las prueben puede ser un objetivo imposible de conseguir, pero así como la introducción de algunos alimentos puede ser lenta hasta que nos habituamos a su sabor o textura, pienso que con los estilos musicales puede pasar lo mismo.

También es habitual que nos guste un alimento preparado de una manera concreta y no nos guste de otra. De hecho no me gustan las zanahorias hervidas pero me las puedo comer de cualquier otro modo, hasta en tortilla. Un tema de un autor nos puede emocionar y otro, del mismo músico, puede resultar una tortura o casi.

El otro día un músico me dijo que la música minimalista, que es una de las que escucho, era para intelectuales, y me sonó a: Vaya, eres una sibarita!, aunque es posible que no lo dijera en ese sentido.

La buena música hay que tomarla con mantel y servilletas de tela, buenos cubiertos, platos bonitos, copas apropiadas y sobre todo en buena compañía, aunque en algunos momentos lo mejor sea disfrutarla a solas.

En el supermercado de la música del mundo, hay más secciones que en uno de alimentos, así que lo difícil es elegir. Imagino que empezar por algo dulce no es mala idea, ya llegaremos a las ostras más adelante.

Os invito a un bombón relleno de licor. El alcohol se nota a partir del segundo minuto del tema. Subid el volumen para saborearlo mejor.

https://www.youtube.com/watch?v=qmxFAT581T4